Evangelio según San Mateo 7,7-12.
Jesús dijo a sus discípulos: Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá.
Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá.
¿Quién de ustedes, cuando su hijo le pide pan, le da una piedra?
¿O si le pide un pez, le da una serpiente?
Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará cosas buenas a aquellos que se las pidan!
Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas.
De la Biblia "El Libro del Pueblo de Dios"
Breve Comentario
Cristo nos invita a pedir y por lo mismo nos lo enseña en dos ejemplos que se acercan al ridículo, es decir, ninguno de los judíos cercanos a Él daría a su hijo una piedra o una serpiente. Esta utilización de imágenes nada ordinarias desea mostrar a los hombres la bondad de Dios mediante la síntesis final ya que "si ustedes, que son malos, ... " y hacen el bien, cuanto mayor será el efecto de la bondad de Dios que es el Sumo Bien y el Sumo Bondadoso, en este sentido.
Dios, ¿qué nos ha dado siendo el más generoso y nuestro mayor premio? A su Hijo. Este es nuestro regalo y debe ser siempre nuestra mayor petición a Dios Padre.
Santo Tomás de Aquino en su Compendio de Teología (en sección Esperanza) explicaba al Fray Reginaldo de Piperno que para orar a Dios debemos tener en cuenta dos puntos. Primero el deseo de aquello que se pide, teniendo en cuenta que debe ser algo que no esté a nuestro alcance y a la vez sea posible para nuestra naturaleza. Y para desear bien, dice el Aquinate, Jesús nos enseñó el Padrenuestro, que expresa con perfección aquello que debemos desear.
En segundo lugar debemos tener esperanza, pues sin esta no hay real petición.
Por todo esto los Padres de la Iglesia, como Juan Crisóstomo en el comentario al Evangelio según san Mateo, enseñan que al orar lo hagamos principalmente con el Padrenuestro poniendo nuestra esperanza en la Providencia de Dios.
El Evangelio de hoy finaliza con la exhortación a la caridad, que es la meta de todas las virtudes, incluso la de la oración.
Guido Haase Espíndola
Equipo de Animación
SOBICAIN